Sexo girl.


Me negaba a sus deseos, aunque eran míos más que de ella, pero siempre terminaba asintiendo. Me enloquecía. Me causaba erecciones en lugares menos apropiados. Cosa que, si bien me causaba cierta vergüenza, me encantaba. Me fascinaba que la gente vea mi paquete lleno.

Eramos tan libertinos que bien podíamos hacerlo en un baño público limeño o en un parque lleno. Recuerdo, vagamente, esa vez en la que estuvimos en un parque de La Molina: ella dejó de besarme los labios para bajar por mi pecho para jugar con su lengua en mis tetillas erectas, en mi ombligo y, velozmente, colocar mi miembro viril sobre su boca y chuparlo con curiosidad y con una paciencia que me excitaba ilimitadamente.


No duramos mucho y no era de esperarse. Básicamente, nuestra relación era sexo voyeur y fetichista. A ella le gustaba que le dijera que era mi puta, y a mi me gustaba que ella se disfrazara de enfermera o de batichica y que me dé latigazos incontables.

Ahora cada vez que tengo sexo no me es suficiente. Tampoco me sorprende. Mi chica del sexo me sorprendía con cualquier ocurrencia, pero nunca tuvimos la misma temática en la cama (o en cualquier parte) en el tiempo que estuvimos.

Si vuelvo a verla de seguro tendremos coito: lo haremos y nos dejaremos de ver y esa vez será para siempre.

1 comentarios:

Unknown dijo...

La foto es mía-> http://www.flickr.com/photos/regalicesrojos/

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